Amor de Pájaro

Besaste su cuello terso,
con las plumas de tu cuerpo
escribiste bellos los versos.
En las noches como esta,
te quiso tanto,
curó tu dolor
y enjugó tu llanto.
Llenaste de ensueños tus desvelos,
saboreaste la miel más dulce,
y la dejaste llorando con tu vuelo.
Ave errante que sufres un castigo
por la desdicha de amar a un fruto prohibido,
por haber besado sus labios y su rostro triste,
por las promesas que nunca cumpliste.
Llora tu castigo pájaro de alas rotas,
porque vivirás el resto de tus días
mirando al cielo de noche y de día,
sintiendo la más terrible derrota.

 

Becker Fernandez (c) 2015

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Soledad

Donde la tierra y el cielo se unen,
Lejos donde el horizonte se confunde en el firmamento,
Allí existe mi refugio que es lecho silente
Sin agonías terribles, ni desconsolados lamentos.

Es un lugar sombrío donde
mis manos no escriben poemas
Para susurrarte al oído,
Las vivencias adornadas de lirios,
Las historias de raudos amores
Llenas de locos idilios.

Es un lugar que nada tiene,
Ni dulces besos, ni tímidas miradas,
ni trémulas caricias, ni gratos ni tristes recuerdos
Sí acaso alguna vez existieron.

Lejos donde la tierra y el cielo se unen,
Habita el principio, el final
De una aurora sin gloria.
Allí se escribirá la memoria
De mis últimos días.

Lejos donde la tierra y el cielo se unen,
Entre mil marchitas flores
Entre sueños eternos y faltos de amores,
Cerraré para siempre mis ojos cansados.

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(c) 2014 Bécker Fernández
Derechos Reservados

Estrella Nebulosa

Ilusión convertida en sueño,
De las estrellas rauda como el cometa
entraste a mi vida inadvertida.

Convertiste mis días en verso, soneto, y prosa,
Fuiste la historia de puro sentimiento.
Llegaste a ser el adjetivo perfecto,
el verbo vivo, mi complemento.

Hiciste de mi balbuceo la oración correcta,
Llenaste de inspiración mis poemas nocturnales.
Transformaste mis noches oscuras en auroras.

Fuiste fuente luminosa,
Lucero permanente en mis tinieblas.
Hiciste de la nada magia que borró
tristezas y escribió cuentos de delirios.

Yo fui abeja golosa en tu colmena,
Colmaste de placer mi mundo,
Mi vida se vació de amarguras.

Compartiste tu calor nocturno
Fuiste  poema incompleto,
Canción que añora a la mujer que adora.

Mas de una vez
Partiste mi corazón
en mil pedazos,
Tomaste los destrozos,
me arrullaste en tu nido,
me lanzaste de nuevo al olvido.

 

(c) 2014 Bécker Fernández
Derechos Reservados

Atribulado

 

Atribulado lamenta
En el vacío de su alma,
Como un mar en tormenta,
Él es hombre sin calma.

Profundo se graba en su mente
La nostalgia de un amor ausente,
Lo elude el sosiego que no llega,
Lo invada la visión de su suerte.

Fue historia del cielo y la tierra,
Vivió  contigo un dulce letargo,
Sobrevivió la extinción y la guerra.

Admira el milagro de la vida,
Lo espanta el misterio de la muerte,
Lo destroza la pasión casi ida.

Anhela tú  aliento de noche y de día,
Busca un beso suave, terso y profundo,
Que sea tu boca la que lo vuelva a la vida.

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(c) 2014 Bécker Fernández
Derechos Reservados

Barquitos de Papel

El cielo oscuro había perdido su encanto,
Siniestros truenos a todos asustaban,
Relámpagos esporádicos iluminaban
al horizonte lúgubre convertido en espanto.

Sus cúmulos oscuros cargados de agua,
Cuando el viento y la tormenta los agita,
inevitable del cielo en caudales se precipita.

Es el liquido que emana recio e impasible
Rebalsando los campos y ciudades,
Limpia la basura de valles y llanuras,
Mojando las montañas colosales.

Son chubascos desmedidos que caen
socavando al suelo soberano y afligido,
Es la lluvia constante derramada en torrentes
Que en un instante es capaz de dejarlo todo sumergido.

En las ciudades es espectáculo fabuloso
Ver como se forman estos ríos urbanos
Que furibundo van en sus recorridos
Irrespetando a Moros y Cristianos.

En las calles se formaban raros remolinos
Que en pequeños furiosos torbellinos
Arrastraban un montón de sanguijuelas
Juntos con sapos y culebras.
Todos sin excepción, iban a morir,
Inevitablemente todos dejarían de sufrir.

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En la ciudad abitada por el aguacero,
Existió un niño que solía hacer barquitos de papel
Para dejarlos ir calle abajo flotando
En el torrente impetuoso se iban navegando
Pidiendo a San Isidro que dejara de llover.

El mozuelo escogió los nombres de las carabelas
que trajeron a la América a los hermanos Pinzón
Y también al almirante Don Cristóbal Colon.

El curioso crío enviaba en los barquitos
Dibujado lindos corazoncitos
A la niña que a la vuelta de la esquina
Tenía un jardín de flores con espinas.

Las flotantes carabelas eran añoranzas
Para que el agua dejara de caer,
Eran naves en busca de esperanza,
Para que la niña encontrara la razón de su querer.

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(c) 2014 Bécker Fernández
Derechos Reservados