El Niño Soldado

El tanque de acero entierra sus dientes férreos
en la calle que va a la iglesia,
No muy lejos un niño empuña un madero
que se asemeja a un rifle de guerra,
Sus pies descalzos se aferran
a un árbol donde pretende apostado
acabar con el batallón blindado.
El niño soldado dispuesto al combate
con dos bombas hechas de mecate,
el chico imprudente morirá por la patria.
La iglesia está abierta,
pero no hay un alma rezando,
se han quedado solitarios
el Cristo y todos sus santos.
Han llovido del cielo
estruendosas las bombas,
Los hombres sinceros
han quedado en el suelo,
y los críos descalzos
se han largado a la guerra,
lloran las mujeres por los nobles
sacrificados, por aquellos
que se habrán de marchar
y por los hijos que no volverán.
El tiempo apremia, los soldados
se acercan sigilosos armados de terror
siguiendo al monstruo de acero dotado
con un cañón que tenebroso apunta a la iglesia,
el soldado que guía detiene su marcha,
se quita el casco de hierro en señal de respeto,
Se arrodilla y se persigna mirando a la cruz,
cuando de pronto se oye el grito del chico:
¨Patria Libre o Morir¨ y abatido en el suelo,
bañado en su sangre yace el cuerpo
del niño soldado que ha perdido su vida,
con un madero en la mano
y dos bombas hechas de mecate.

Becker Fernandez (c) 2016

child soldier conference

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Ciclo

 

Se marcharon sigilosos,
taciturnos los muchachos
caminaron el sendero,
aciago y tortuoso.

Se fueron en pos de la colosal montaña
que a lo lejos se veía como una sombra tétrica.
El olor a tierra mojada se sentía más fuerte
que de costumbre, los muchachos jadeantes
poco a poco se aproximaron al campillo
bajo la sombra de la imponente prominencia.

El manto oscuro de un cielo tenebroso
los acompañó desde su partida,
era como un abrigo que lo sofocaba todo.
El momento se llenó de angustia presagiando
la lucha fratricida que inevitablemente
los marcó para el resto de sus vidas.

Un grito de ¨patria libre¨ rompió el pesado silencio
despertando a la noche de su profundo letargo.
Se oyó estruendoso el fuego de metrallas,
Explosiones fatales iluminaron al cielo
Proyectando macabras sombras de muerte y dolor.
Se enfrentaron los muchachos estoicos convertidos
en hombres fieles a sus destinos.

Algunos soñadores cayeron entregando caras sus vidas,
otros, tarde o temprano irremediablemente,
abatidos quedarían tendidos en aquel oscuro paraje.

A flor de piel llevaron el anhelo libertario,
Por la razón y la justicia sufrieron la escoria
Y el más cruento calvario.

Como hojas secas de los árboles,
Como gotas de lágrimas  derramadas de dolientes ojos tersos,
Uno a uno se fueron a la aurora creyendo en la promesa
De la patria harapienta y mal herida.

Ahogadas por el tiempo
Quedaron las consignas,
La pasión y la esperanza.

Al pie de una cruz
A la sombra del olvido
Reza un triste epitafio
En el espacio ya sin ruido:

“Aquí yace el amor que luchó contigo,
Aquí duerme la ilusión del justo derrotado,
Un hombre que derramó su sangre noble,
Que crédulo quiso rescatar a su gente pobre”

Nacerán nuevos los muchachos
con almas de niños para morir jóvenes
los hombres fieles a sus destinos.
Volverá el verdugo a reírse
De los muertos en combate,
Se llenará de sangre
La falda de la montaña,
Se llenarán de cruces
El campo del olvido,
Se repetirá doliente
La triste historia
De mi gente.

(c) 2014 Bécker Fernández

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