Mujer y Tiempo

Los segundos se agotaron
convirtiéndose en horas.
Tierno estaba el momento tan nuestro,
Vigente las promesas de tus labios,
los besos en celo, el éxtasis de mi letargo,
Y lo poco que quedaba del desvelo.
Mis ojos embelesados
vieron vividos la luz de la luna
brillando en las cimas
cargadas de noche,
bañadas de plata,
sedientas de besos.
Yo era herrero que fundió
tu alma en la mía.
Tú, hechicera de mis encantos.
Y nos quedamos así,
sin arrepentimientos,
viviendo el momento,
pleno de versos prohibidos,
colmados de euforia,
en un lecho de historias,
en una penumbra fortuita
que nos cobijó
cansados, abrazados,
bajo la luz soñolienta.
Y nos sorprendió la mañana
Y volvieron intensos los segundos
a convertirse en horas.

 

Bécker Fernandez (c) 2016

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