Besaste su cuello terso,
con las plumas de tu cuerpo
escribiste bellos los versos.
En las noches como esta,
te quiso tanto,
curó tu dolor
y enjugó tu llanto.
Llenaste de ensueños tus desvelos,
saboreaste la miel más dulce,
y la dejaste llorando con tu vuelo.
Ave errante que sufres un castigo
por la desdicha de amar a un fruto prohibido,
por haber besado sus labios y su rostro triste,
por las promesas que nunca cumpliste.
Llora tu castigo pájaro de alas rotas,
porque vivirás el resto de tus días
mirando al cielo de noche y de día,
sintiendo la más terrible derrota.

 

Becker Fernandez (c) 2015

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