El Secoya

 

En mis noches de amor inocente,
el Secoya fue mi amigo silente,
cuando se vino de pronto la tormenta
el viento y la lluvia lo golpearon cruelmente.
Con sus ramas quebradas y la corteza marcada
te dejaron vacilante entre la vida y la muerte.
Muchas veces coloso con tu sombra frondosa
cobijaste mis sueños cuando quería tranquilo pensar en ella,
cuando impertinente quise olvidar hasta el nombre de ella.

El Secoya fue mi amigo de siempre,
en mis vicisitudes de estar vivo,
su recinto abierto fue mi puerto seguro.
Fiel que escuchó mis querellas,
sin preguntar nunca quién fue ella,
sin criticar un instante mis errores,
tu  sombra mitigó mis dolores.

Lloré como niño desconsolado
al verte en pedazos cortado,
al despacharte a la muerte,
al enterrar mis confidencias
en tus brazos caídos y sentirte inerte
para siempre mi querido Secoya.

 

Becker Fernandez (c) 2015

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