Es breve el espacio
que mis manos recorren
para llegar a ti,
cuando suave mis yemas
rosan golosas el candor de tu piel.
No existe el pudor entre tu pecho y el mío,
no existe el temor en el cuarto sombrío,
el tiempo se para
cuando siento tu alma
vibrar con la mía,
cuando busco en la cama
vestirte de besos,
cuando pido insaciable
que no se agoten tus gotas de miel,
cuando pierdo el sentido
cubierto completo de tu piel
y caigo inhibido
en un ciclo de amor.

(c) 2014 Bécker Fernández

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