Yo te pienso soñoliento,
En mis noches solitarias,
Cuando triste yo te siento.

Yo te veo de día
Cuando pasas por mi acera,
Cuando cruzas por la plaza,
Cuando cortas las gardenias
En el jardín de tu casa.

Muy temprano en las mañanas
Pareces caminar sin tocar el suelo
Como ángel recién llegado del cielo.

Yo te seguí como felino hambriento
En pos de su presa,
No me importaba tu tristeza,
Yo quería ser dueño
De la mujer que con cadencia
Parecía caminar sin tocar el suelo.

Tú estabas inmutable
A mi monologo incongruente.
Hablé de muchas cosas,
Tal vez hablaba por hablar de la gente,
Porque no importaba lo que dijera,
Ignorabas mi presencia como si yo no existiera.

Confesé que te había escrito un poema.
De pronto levantaste tu cabeza y a los ojos me miraste.
– Qué pudieses haber escrito, s
í no me conoces? –
Me dijiste con profundo desdén.

Eso pudo haber sido la última estocada a mi débil corazón,
Pero fue la oportunidad adecuada para declararte en verso
El amor que siento por vos:

“Yo te pienso soñoliento,
En mis noches solitarias,
Cuando triste yo te siento.

Yo te veo de día
Cuando pasas por mi acera,
Cuando cruzas por la plaza,
Cuando cortas las gardenias
En el jardín de tu casa”.

(c) 2014 Bécker Fernández
Derechos Reservados

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